sábado, 9 de mayo de 2009

NATALIA, LA MUJER ORQUESTA
















Multifacética como pocas, la Oreiro actúa en cine y televisión, canta y desde hace casi dos años diseña ropa con su hermana. Se considera una antidiva pero reconoce que su fama es algo que eligió.

Una artista todo terreno, hiperactiva, que se anima a innovar todo el tiempo. Así es Natalia Oreiro, una mujer que no deja de sorprender. Con muchos éxitos sobre su espalda, la popular Monita asegura que "si hacemos siempre lo mismo, el público te lo acepta hasta un punto, pero en un momento se empieza a aburrir y se da cuenta que es más de lo mismo, en definitiva terminás haciendo de vos".

Multifacética e innovadora, Natalia es ante todo polvorita, además de actriz, acróbata, cantante y diseñadora. Como si fuese poco se ocupa de la ecología y se hace tiempo para cuidar las plantas de su jardín, restaurar muebles y hasta rasquetear paredes.

Con 31 años, la esposa del ro- ckero Ricardo Mollo, mantiene intacta su gracia a toda hora pero es consciente que la definen como "un aparato".

No reniega de su fama porque asume que es algo que eligió. Sin embargo, se considera una antidiva. Está en cada detalle de cuánto proyecto llega a sus manos. Así lo demostró días atrás en la presentación de la colección invierno de Las Oreiro, la marca de ropa que lanzó con su hermana Adriana.

También en sus trabajos de los últimos meses, como "Amanda O", o en el rodaje de la película "Música en espera", en la que se la puede ver embarazada de nueve meses junto a Diego Peretti. Y en el film que se estrenará en los próximos meses, "No necesitamos a nadie", con Adrián Caetano. Allí, se inclinó como protagonista en un registro dramático, bien diferente de todo lo que venía haciendo.

En el film, la Oreiro se mete en la piel de la madre de una nena de 12 años que enfrenta una situación económica difícil y tiene problemas con el alcohol.

Después de un 2008 intenso, Natalia debió sacar el pie del acelerador: "Me creía inmune al cansancio. Y me enojé conmigo. No entendía cómo podía estar cansada", reconoce la exitosa actriz, luego de aclarar que debió pasar un mes en cama con una bronquitis que no se le curaba.

Resguardada en su histórico caserón de Palermo, donde vive con su marido, celebra separar su vida privada de la pública: "La puerta de mi casa, metafórica y realmente hablando, es de hierro. No pasa nadie que yo no quiera. Afuera se puede caer el mundo, pero a mí me importa mucho lo que suceda adentro y eso no lo descuido. Y lo cierto es que estoy muy bien".

La maternidad parece ser la única asignatura pendiente de esta mujer orquesta: "En la familia estoy rodeada de chicos. Pero a mí todavía no me llegó, me pasa que quiero tener ganas y despertarme un día y desear profundamente tener un chico", dice la chica que supo imponer tendencia con los diferentes tipos de looks en su pelo. Más allá que admite que su perdición son los chocolates, Natalia por ahora no se ocupa de los correos electrónicos, ni la desvelan los cuidados estéticos.

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